Artículo 10. El clima, un recurso que debemos cuidar

x) El clima, un recurso que debemos cuidar

Presentación

Iniciamos esta Antología con un artículo oficial acerca del “Cambio climático global por actividades humanas” de la Dra. Patricia Conde (2011); ahora cerraremos este trabajo con un artículo del mismo texto y con la misma autora, que justificaremos igual: Era una posición oficial del Gobierno de México en el año 2011; asimismo, podemos asegurar que las conclusiones y recomendaciones tienen vigencia, lo cual queda claro después de revisar los trabajos más actuales sobre la temática.

Lo que no es seguro es si el gobierno actual está convencido de la necesidad de evitar la producción de gases de invernadero y de favorecer el empleo de energías verdes, aunque las acciones parecen indicar que no respaldan las acciones recomendadas en 2011. Si esto fuese cierto, esperamos que nuestro trabajo como educadores sirva para generar conciencia y presionar a la autoridad desde la opinión pública para cuidar este planeta, que es el único que podremos heredar a nuestros descendientes.

En el artículo que inicia esta compilación hicimos una pequeña reseña del amplio trabajo de la Dra. Conde, de modo que en cualquier momento puede regresar para consultar su brillante producción.

Conde, Cecilia. 2011. México y el Cambio Climático Global. Semarnat, Gobierno Federal. Pp 19-21. Consultado el 20 de febrero de 2021 en:

https://biblioteca.semarnat.gob.mx/janium/Documentos/Cecadesu/Libros/Mexico%20y%20el%20cambio%20climatico.pdf



El clima, un recurso que debemos cuidar

¿A quién o a quiénes les pertenece la atmósfera? Esta pregunta tiene sentido si pensamos que todos actuamos como si el aire que nos rodea fuera a permanecer siempre ahí, a veces más contaminado que otros días, pero siempre disponible para nosotros y, si se contamina, regresará a su estado normal. Resulta que el aire no respeta fronteras, atraviesa países enteros, cruza los océanos y se extiende hasta el espacio exterior. Sabemos que las emisiones de los automóviles y camiones no afectan sólo a sus propietarios o conductores, sino a toda la población, particularmente a los niños, ancianos y enfermos.

De manera análoga, los gases generados por los procesos industriales en los países más desarrollados se transportan en cuestión de días a todo el planeta. Así, podemos volver a las preguntas: ¿cada país puede hacer con “su” aire lo que quiera?, ¿y si ese “hacer lo que quiera” implica que nos cambiará el clima a todos?

En los últimos 20 años se ha acumulado tanta evidencia de que se pueden dar cambios peligrosos en el clima global que organismos internacionales han decidido pasar a la acción.

Las Naciones Unidas y la Organización Meteorológica Mundial, entre otras, han apoyado la creación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC), en donde participa un gran número de científicos de todo el mundo, incluyendo destacados científicos mexicanos. El Panel recopila cada cuatro años los resultados científicos más avanzados, evidencias del proceso de cambio climático en la actualidad y difunde en todos los países sus resultados (esta información puede consultarse en las bibliotecas de la UNAM y/o en la página de internet del PICC: www.ipcc.ch/). A esta organización recientemente le otorgaron (junto con Al Gore) el premio Nobel de la Paz.

La ONU también ha impulsado la creación de la Convención Marco para el Cambio Climático, en donde los países establecen acuerdos, tratados, protocolos para combatir el posible cambio climático. Esta Convención realiza una reunión anual —llamada la Conferencia de las Partes (COP)— desde hace 16 años. Con lo anterior se busca que los países se comprometan a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, realizando sus procesos industriales con más eficiencia y limpieza. También se espera detener la destrucción irracional de los bosques, preservando y extendiendo la cubierta vegetal en todo el planeta.

Es claro que no se está buscando detener la producción industrial ni tampoco impedir que los grupos humanos que viven en y de los bosques se queden desamparados o tengan que emigrar.

Lo que se espera es apoyar un desarrollo social más armónico con el medio ambiente. Éste es un buen objetivo, independientemente de que se presente o no el cambio climático global en 50, 100 o más años. Se trata de impulsar cambios importantes en la forma de tratar a la atmósfera, creando la cultura de que el “aire” es un recurso que pertenece a toda la humanidad y muy en especial a las generaciones futuras.

Para cumplir ese objetivo, en 1997, y durante la Conferencia de las Partes número 3 (COP 3), se estableció el Protocolo de Kioto, mediante el cual los países firmantes, entre ellos México, se comprometieron a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a niveles semejantes a los que se tenían en 1990. El protocolo entró en vigor en 2005 y tendrá vigencia hasta 2012, año en el que se espera establecer uno nuevo. Sin embargo, no todos los países han firmado o ratificado ese acuerdo. Entre ellos se encuentran naciones tan poderosas como Estados Unidos y China, por citar a los dos grandes emisores de gases de efecto invernadero en el mundo.

¿Qué podemos hacer los países en desarrollo como México? Una conclusión clara de las últimas reuniones científicas es que debemos profundizar los estudios y las acciones que permitan reducir nuestras emisiones, preservando y aumentando nuestras zonas verdes y eliminando la quema innecesaria de combustibles. También tenemos que analizar y poner en práctica medidas para adaptarnos a un clima cambiante y que reduzcan nuestra vulnerabilidad a las variaciones negativas del clima.

Para adaptarnos a un clima futuro diferente necesitamos, claro está, tener más idea de hacia dónde irá el clima en nuestros países. Se requiere también difundir esta información a los posibles afectados y discutir y acordar con ellos las medidas y estrategias para enfrentar ese posible futuro.

Como país requerimos aumentar nuestra capacidad de prevención y acción frente a los desastres climáticos. Algunos estudiosos sostienen que los llamados desastres naturales no son tan “naturales”. Hace falta el descuido, la desorganización o la indiferencia social para que esos eventos se conviertan en desastres.

En el caso de México, la UNAM efectúa este tipo de estudios desde hace más de 15 años (los resultados pueden consultarse en las bibliotecas de la propia universidad, o bien en la página del Centro de Ciencias de la Atmósfera: www.atmosfera.unam.mx). Esos estudios indican que los impactos posibles de ese cambio pueden ser considerables. En el llamado Estudio de país, México (1994-1996) se concluyó que México es y será muy vulnerable al cambio climático y los estudios posteriores lo han confirmado así.

La agricultura de temporal (que depende de las lluvias de verano) sería fuertemente afectada; el agua disponible (de por sí escasa), más disputada por ciudades, cultivos e industrias; los bosques, particularmente los templados, podrían reducirse al no tener condiciones climáticas adecuadas para su desarrollo. El panorama no es alentador si no actuamos desde ahora para prevenir nuestro futuro como país.

Aunque en México los diversos grupos sociales han tenido el ingenio y la organización para enfrentar al clima adverso, lo cierto es que se requiere afrontar de manera planificada el posible cambio climático y sus efectos. Esto es, se necesitan políticas de Estado para cada uno de los sectores afectados: salud, agricultura, recursos hídricos, bosques, asentamientos humanos, zonas costeras y energía.

Esas políticas o estrategias deben entenderse en el marco de lo que se denomina “ganar ganar”: aunque el cambio climático pudiera presentarse en 50 o 100 años, las medidas de adaptación deben mejorar la calidad y perspectiva de vida en la actualidad y asegurar que esas condiciones prevalezcan para las generaciones futuras.

Así, preservar y expandir las zonas boscosas, cuidar la cantidad y la calidad de agua disponible, utilizar de manera más limpia y eficiente la energía producto de combustibles fósiles, desarrollar las actividades agrícolas más acordes con el medio ambiente, son todas estrategias que resultarían beneficiosas ahora y en el futuro y que permitirían reducir los posibles impactos del cambio climático.

A la par es indispensable que existan los recursos humanos para profundizar y divulgar los estudios de cambio climático en nuestro país. Es necesario que lo proyectado en el ámbito global pueda entenderse y analizarse en el plano regional.

Se requieren estudios en todas las áreas del saber (clima, sociedad y economía, por ejemplo) para tomar decisiones y enfrentar los impactos del cambio climático. Para cada región y sector es preferible contar con un abanico de posibles respuestas sociales y económicas, que apostar todo a unas cuantas respuestas o, peor aún, esperar a que no ocurra nada.

Difícilmente habrá un estudio climático lo suficientemente exacto como para decirnos qué ocurrirá en el Distrito Federal en julio de 2050. Posiblemente ese modelo se diseñará mucho tiempo después de que los impactos del cambio climático ya estén aquí.



Sugerencias de actividades de aprendizaje

1. Lee el artículo y discute el tema en equipo o con tu grupo académico.

2. De manera individual o con tu equipo prepara una exposición ante el grupo

3. Comenta con tu familia y grupo de influencia el contenido del artículo.

4. Navega en alguna de las páginas de internet señaladas en el artículo; ubica algún aspecto que te interese particularmente y escribe un resumen de una cuartilla. Comenta el contenido en clase.

5. Ubica específicamente las diversas actividades que dañan al planeta y que se realizan en tu familia y en lo personal; elabora una lista. Proponte una serie de medidas que propondrás a tu familia y a ti mismo para disminuir su impacto en el cambio climático

6. Con base en la lista anterior propón 3 actividades por realizar o dejar de hacer y que ayuden a disminuir tu impacto sobre el ambiente. Elabora una carta –compromiso dirigida a tus hijos en la que te comprometes a cuidar el ambiente con los tres puntos previos. No olvides firmarla.